lunes, 1 de junio de 2009

Decir adios

Qué dificil es decir adios. Sobre todo, cuando no sé si tengo ganas de hacerlo.
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Te he dicho adios tantas veces que perdí la cuenta y he cerrado los ojos para pasar el día sin sentirlo y despertarme lejos de ti, de tus latidos, de tu presencia que me abruma, de tu olvido, de tu inexactitud y de tu imperfección.
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He caminado millas con los ojos cerrados, porque no sé a dónde quiero ir, la única certeza que me acompaña es que mientras más larga sea la distancia, mejor estaré sin ti.
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He caminado miles de kilómetros y he puesto el universo de frontera para cada pensamiento que me haga relamer el resabio de tus besos.
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Y a cada paso que di, repetí tu nombre al revés para desnombrarte, volví la espalda y pensé en Dios; Él sabe lo que es bueno para mi.
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Cuando por fin me desperté mil mañanas sin pensar en ti, me declaré curado de ese extraño mal que me aquejaba. Hice a un lado las pastillas para dormir, me quité el escapulario y abrí los ojos a un nuevo mañana...
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... Pero fue inútil, porque me di cuenta que sólo caminé en circulos. Y aún cuando me engañé creyendo que me había alejado... me abracé en tal forma a ti que me doy vergüenza de lo tatuada que te llevo en el alma.
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Qué difícil es decir adios. Sobre todo cuando sé que no quiero hacerlo.
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Besos de chocolate.

2 comentarios:

Yunuen dijo...

ojala nunca me digas adios a mi

Buitre dijo...

No te preocupes, no sé decir adios... y menos a ti.

Besos de chocolate