Me enteré por otros que habías venido y me valió madre. Yo no te pedí que vinieras, es más, yo no tuve nada qué ver con tu venida. Todos me miraron y me dijeron, ¡vamos a recibirla! pero yo, un tanto hosco, me di la vuelta y seguí con mis actividades.
Estaba muy metido en mis asuntos y me tomaron del brazo para llevarme a tu encuentro y fui obligado, primero a tu casa y luego a la sala de espera de ese lugar que tanto odio visitar.
Entré desgranando los metros que me alejaban de ti y le pedí a Dios que no me dejara mirarte, pero Él, no me dejaran mentir, actúa de formas extrañas.
Mis amigos seguían poniendo huevo con sus gritos y risas. Yo caminaba detrás de ellos con la mirada gacha.
De pronto te vi, venías en sus brazos y fue dificil desviar mi mirada del gris de tus ojos. Tus párpados pesados y cansados por el viaje me ignoraron sólo un instante. Apenas estuve a una distancia prudente para darme cuenta que un abrazo sería inevitable, cuando ya venías dejándote caer en mis brazos.
No pude más que maravillarme con tu belleza, extasiarme con tu tranquilidad y acallar una exclamación del júbilo que me provocaba el tenerte entre mis brazos. Fue imposible no sentirte y sentir al mismo tiempo cómo se me enchinaba la piel.
Te rocé ligeramente la mejilla con mis labios, te dije bienvenida y te devolví a los brazos de tu madre, quien llorando de felicidad me dijo " ¿a poco no es idéntica a mi?" y lloró y comprendí su llanto.
Algún día recordaré tu nacimiento. La más pequeña de cuarto industrial.
UN HIJO SIEMPRE ES UNA BENDICIÓN.
Besos de chocolate.